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¿Y qué es Occidente, Feijóo?

Es difícil de entender que entre España y EEUU e Israel, el PP elija posicionarse del lado de la administraciones de Trump y de Netanyahu. Lo es desde un punto de vista moral pero también estratégico En ajedrez se llama zugzwang (del alemán zug, jugada, y zwang, obligación) a u

Por Redacción abril 11, 2026 Fuente: eldiario.es ⏱ 5 min
¿Y qué es Occidente, Feijóo?
Es difícil de entender que entre España y EEUU e Israel, el PP elija posicionarse del lado de la administraciones de Trump y de Netanyahu. Lo es desde un punto de vista moral pero también estratégico
En ajedrez se llama zugzwang (del alemán zug, jugada, y zwang, obligación) a una posición del juego en la que uno de los jugadores ha de mover pieza, pero cualquier movimiento solo empeora su situación, acercándole a un inexorable jaque. Esto es lo que le ocurre al PP en el actual tablero de la política internacional, y sus explicaciones de cómo concibe las relaciones de España con Israel y EEUU. Quizá por esa impotencia táctica, los dirigentes del principal partido de la oposición han decidido comportarse como la paloma del dicho y revolotear sobre el tablero para acabar haciendo lo que hizo una representante de esta especie sobre la cabeza de Almeida. Un ejemplo claro es el movimiento que ha perpetrado esta semana Ester Muñoz al hablar del soldado español retenido por el ejército israelí en Líbano: para no criticar a Israel ha acabado confesando sus encontronazos con la Guardia Civil. 

Es difícil de entender que entre España y EEUU e Israel, el PP elija posicionarse del lado de la administraciones de Trump y de Netanyahu. Lo es desde un punto de vista moral pero también estratégico: una gran mayoría de ciudadanos españoles (81%) ven en Donald Trump la mayor amenaza para la paz mundial, ligeramente por encima de Vladímir Putin (79,3%) y ambos seguidos del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu (71,2%), según una reciente encuesta de 40dB. Feijóo no sale del sanchismo y esa miopía inoperable ha conseguido que calibre mal su posición con la guerra de Irán desde el principio, contagiado por el entusiasmo tramposo de la intervención en Venezuela y su ansiedad por no perder más votos ante los de Abascal. El paso del tiempo, la constatación de que EEUU no tenía una estrategia clara que culminara su agresión y las amenazas de Trump de borrar una civilización entera han situado definitivamente a Feijóo en territorio enemigo. 

En estos momentos, al líder de la oposición ya no le queda movimiento bueno, así que nos lanza crípticos tuits gallegos en los que no nombra ni critica a nadie, pero nos advierte de que Occidente no esto. ¿Y qué es Occidente para usted?, le podríamos preguntar si quisiéramos meterle en un brete, pero a estas alturas nos da pereza escuchar su respuesta. Trump ha conseguido que los europeos pensemos que es el líder más peligroso, codicioso y narcisista del planeta, pero aún conservamos cierta querencia por el vínculo atlantista que va más allá de los mezquinos intereses de su actual presidente. Feijóo ni siquiera ha sabido jugar esa baza porque ya no distingue a Pedro Sánchez de España ni a España de sus ambiciones de llegar a la Moncloa. 

El cambio en la percepción de Israel es todavía más profundo, porque es el estado que nos dice que no hay soluciones que no sean violentas y que la existencia de algunos países (no gobiernos, no grupos terroristas) y sus ciudadanos es incompatible con la suya, y por extensión, la nuestra. Eso es tanto como decirnos que las soluciones no existen y la paz es imposible. Henryk Erlich, socialista judío líder del Bund, lo explicó en el periódico yiddish Di Tsukunft en octubre de 1938: “A lo largo de los años, el sionismo se ha convertido en un aliado abierto de nuestro enemigo mortal: el antisemitismo. De hecho, el sionismo siempre ha obtenido su alimento espiritual de las persecuciones sufridas por la población judía y, sobre todo, de la reacción política. En el transcurso de su existencia, la regla que el sionismo realmente ha aplicado hasta el final es: cuanto más oscuras son las cosas en el mundo, más brillantes son para el sionismo; cuanto peores son las cosas para los judíos, mejores son para el sionismo”. 

Feijóo no ha sabido medir el distanciamiento de los españoles de Trump y Netanyahu: hay amores y desamores que nos siguen uniendo, a pesar de la supuesta polarización: somos europeístas, pacifistas, defensores de los derechos humanos y del derecho internacional. Estamos en contra del exterminio masivo de otros seres humanos, a pesar de los esfuerzos de Abascal en su búsqueda de chivos expiatorios. La ceguera de Feijóo es aún más grave porque ha asumido en primera persona la gestión de la política internacional, olvidando que su partido ha contado tradicionalmente con excelentes diplomáticos que le podrían ayudar a salir de los charcos en los que se mete. La guerra de Irán ya ha sido y será una catástrofe para el mundo, y para ese Occidente al que alude Feijóo que parece que ya no respeta al ejército, no escucha al Papa y no sabe qué es la patria. 
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