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En esta ruta encontrarás pinos, castaños, ríos, praderas y un antiguo cementerio de más de mil años de antigüedad

La Senda de las tumbas moras, en la provincia de Ávila, parte del pueblo medieval de Cuevas del Valle y ofrece una gran diversidad botánica y paisajísticaLa ruta por esta Reserva Natural te llevará a ver una ermita, una fuente que alberga una leyenda y carpes, árboles poco comunes en la penínsulaJun

Por Redacción septiembre 17, 2026 Fuente: eldiario.es ⏱ 6 min
En esta ruta encontrarás pinos, castaños, ríos, praderas y un antiguo cementerio de más de mil años de antigüedad
La Senda de las tumbas moras, en la provincia de Ávila, parte del pueblo medieval de Cuevas del Valle y ofrece una gran diversidad botánica y paisajísticaLa ruta por esta Reserva Natural te llevará a ver una ermita, una fuente que alberga una leyenda y carpes, árboles poco comunes en la penínsulaJunto al Cantábrico y bañado por una ría: el bonito pueblo gallego que tiene los eucaliptos más altos de Europa
En medio del pintoresco Valle del Tiétar, al abrigo de las imponentes cumbres de la Sierra de Gredos en la provincia de Ávila, arranca una travesía senderista: la Senda de las tumbas moras. Esta ruta parte del pueblo medieval de Cuevas del Valle, donde sus calles conservan la esencia del pasado. Los caminantes inician su andadura en la calle Calzada Romana, adentrándose por el paraje de Las Quebradas o siguiendo la pista de Lo Moreno. A lo largo del trayecto, el caminante experimentará una inmersión sensorial entre paisajes protegidos, preparándolo para descubrir un enclave histórico envuelto en el misterio desde hace más de mil años.

El aspecto natural de este trazado destaca por su gran diversidad botánica y paisajística, ofreciendo un rico mosaico de ecosistemas a medida que se gana altitud. El dosel de los pinos maduros proporciona una agradable sombra durante el recorrido, conviviendo en armonía con majestuosos castaños, olivos ancestrales, encinas y sauces de ribera. A la sombra de la cubierta forestal crecen helechales, jaras y espinos que perfuman el ambiente serrano. El murmullo del agua acompaña al visitante al cruzar modestos puentes sobre el río Herradero y al avanzar entre las piedras del río Horcajo, abriéndose el sendero en bellas praderas como Prado Calvo o Prado Borrillo.

Más allá de su evidente valor ambiental, la ruta conserva la impronta de los oficios tradicionales que sostuvieron a las comunidades locales durante generaciones. En los troncos de los corpulentos pinos aún se aprecian las cicatrices dejadas por la antigua actividad resinera. Este arduo trabajo forestal comenzaba en primavera con las labores del desrroñe y el clavado de la hojalata para sujetar los potes de barro. Durante el verano, los resineros realizaban incisiones denominadas picas y vaciaban las vasijas en las remesas. Al llegar el otoño, la faena concluía con el rascado del barrasco, atestiguando estos vestigios la profunda relación entre el ser humano y los bosques de Gredos.
































Las sepulturas que componen este recinto funerario destacan por su sobria construcción en piedra granítica, adaptada con maestría a la orografía de la sierra



El punto álgido de esta caminata se sitúa cerca de Los Zahurdones, donde emerge el yacimiento de Las Morañegas. En esta elevada prominencia rocosa se oculta una necrópolis medieval cuya antigüedad supera los mil años de existencia, datada entre los siglos X y XIII. La sabiduría popular bautizó el lugar como cementerio de los moros, denominación común en la península para atribuir un origen remoto a ruinas de filiación incierta. Los historiadores sostienen que sus pobladores formaban una comunidad dispersa que buscó refugio para resguardarse de las contiendas del cercano Puerto del Pico.

Las sepulturas que componen este recinto funerario destacan por su sobria construcción en piedra granítica, adaptada con maestría a la orografía de la sierra. Las tumbas fueron levantadas utilizando gruesas lajas de piedra dispuestas verticalmente en el terreno y selladas en la parte superior con pesadas losas de granito. Pese al expolio continuado y a la erosión sufrida a lo largo de las centurias, la estructura resulta reconocible entre la vegetación. Asimismo, en el cercano Prado Pinchilla se conserva un proyecto de tumba antropomorfa tallada directamente en la roca madre, conocida como la tumba del rey, hallándose además vestigios de un templo.

Investigaciones arqueológicas recientes sugieren que las ruinas de Las Morañegas no correspondían a un sitio funerario aislado, sino a un modelo de poblamiento disperso típico de la plena Edad Media. Las familias establecían sus modestas viviendas cerca de los manantiales de agua y de las pequeñas parcelas fértiles distribuidas por la ladera. Su economía se basaba en la ganadería caprina y en una agricultura de montaña sacrificada, pudiendo estar vinculada a vetas mineras de hierro en la zona. Este aislamiento consciente, lejos de las rutas transitadas, les permitía vivir al margen de los conflictos armados, encontrando cobijo y descanso eterno en estos parajes abulenses.
Pozo de nieve
Para los senderistas que desean prolongar la caminata, la pista forestal continúa ascendiendo dos kilómetros más hasta alcanzar el Pozo de la Nieve. A lo largo de esta extensión se atraviesa la Majada de Catola y una antigua era circular de piedra que se utilizaba para trillar los cereales. En el paraje de La Centenera, donde hoy predomina un denso rebollar, proliferaban antaño bancales cultivados de centeno, trigo y patatas. Al final del recorrido se encuentra el pozo concebido para almacenar y prensar la nieve invernal entre capas de paja, permitiendo elaborar durante las fiestas estivales la célebre leche helada, bebida artesanal predilecta de la comarca.

La Senda de las tumbas moras constituye en definitiva un testimonio de valor incalculable que combina naturaleza prístina, historia medieval y etnografía en la provincia de Ávila. Tras completar los trece kilómetros de ruta lineal entre pinares, castañares, ríos y prados, el visitante regresa a Cuevas del Valle enriquecido por una lección viva del pasado. En la villa abulense, las fachadas populares de piedra, madera y adobe con sus balcones floridos completan una jornada memorable. El municipio y la comarca del Valle del Tiétar han sabido preservar este tesoro ambiental e histórico para el disfrute de quienes lo visitan.
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